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viernes, 8 de febrero de 2013
Leído y oído
"El miedo a envejecer, nace del reconocimiento de que uno no está viviendo la vida que desea. Es equivalente a la sensación de estar usando mal el presente."
Susan Sontag
"No pasa un sólo día en el que no estemos, al menos un instante, en el paraíso."
Jorge Luis Borges
"Siempre está más oscuro antes del amanecer"
Hank en Breaking Bad
Pinturas:
Nicolai Yarushenko
Robert Collinson
Catalina Lira
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jueves, 25 de octubre de 2012
El placer de leer
“...es como si al leer no avanzaramos sobre el libro sino sobre nosotros mismos” (Wolfgang Iser)
“Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro” (Emily Dickinson)
“La lectura de un buen libro es un diálogo incesante en que el libro habla y el alma contesta” (André Maurois)
“Tomé un curso de lectura rápida y fui capaz de leerme "Guerra y paz" en veinte minutos. Creo que decía algo de Rusia ” (Woody Allen)
“Leer demasiados libros es peligroso ” (Mao Tse-Tung)
“La lectura es para mí algo así como la barandilla en los balcones ” (Nuria Espert)
“Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído ” (Jorge Luis Borges)
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viernes, 27 de enero de 2012
Fantasmas

«La muerte (o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres. Estos conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser el último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño. Todo, entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso. Entre los Inmortales, en cambio, cada acto (y cada pensamiento) es el eco de otros que en el pasado lo antecedieron, sin principio visible, o el fiel presagio de otros que en el futuro lo repetirán hasta el vértigo. No hay otra cosa que no esté como perdida entre infatigables espejos. Nada puede ocurrir una sola vez, nada es preciosamente precario. Lo elegíaco, lo grave, lo ceremonial, lo rigen para los Inmortales.»
Jorge Luis Borges
Fragmento del cuento titulado El Inmortal (El Aleph, 1949)
Fotografía: Francesca Woodman

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viernes, 27 de mayo de 2011
Poemas del Milenio XXVII

EL OTRO
Jorge Luis Borges (1899-1986)
En el primero de sus largos miles
De hexámetros de bronce invoca el griego
A la ardua musa o a un arcano fuego
Para cantar la cólera de Aquiles.
Sabía que otro –un Dios- es el que hiere
De brusca luz nuestra labor oscura;
Siglos después diría la Escritura
Que el Espíritu sopla donde quiere.
La cabal herramienta a su elegido
Da el despiadado dios que no se nombra:
A Milton las paredes de la sombra,
El destierro a Cervantes y el olvido.
Suyo es lo que perdura en la memoria
Del tiempo secular. Nuestra la escoria.
(de El otro, el mismo, 1964)
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viernes, 18 de febrero de 2011
Un rincón del cielo

Una bella imagen de la nebulosa Messier 78, situada en la constelación de Orión, a unos 1.350 años luz de la Tierra, y visible con un telescopio pequeño, ha ganado el concurso de astrofotografía Tesoros Ocultos 2010, del Observatorio Europeo Austral (ESO). Su autor es el ruso Igor Chekalin, que resaltó la imagen a partir de varias exposiciones monocromo tomadas con filtros azul, amarillo verdoso y rojo. La imagen fue tomada con un telescopio de 2,2 metros de diámetro del observatorio de La Silla, en Chile.
«Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día cada uno pueda encontrar la suya.» (Antoine de Saint-Exupéry)
«Si antes de besar a la persona que amas habéis contemplado las estrellas, no la besaréis de la misma manera que si sólo habéis mirado las paredes de vuestra habitación.» (Maurice Maeterlinck)

«Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno.» (Jorge Luis Borges)
«Nuestros cuerpos están hechos de las cenizas de estrellas que murieron hace mucho tiempo.» (James Jean)
Fuente: elpais.com
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viernes, 10 de diciembre de 2010
Poemas del Milenio XIII

EL REMORDIMIENTO
Jorge Luis Borges (1899-1986)
He cometido el peor de los pecados
Que un hombre puede cometer. No he sido
Feliz. Que los glaciares del olvido
Me arrastren y me pierdan, despiadados.
Mis padres me engendraron para el juego
Arriesgado y hermoso de la vida,
Para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
No fue su joven voluntad. Mi mente
Se aplicó a las simétricas porfías
Del arte, que entreteje naderías.
Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.
(de La moneda de hierro, 1976)
Fotografía: Sabine Rath
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viernes, 30 de julio de 2010
El laberinto dibujo del mundo

"Un laberinto es un lugar formado artificiosamente por calles y encrucijadas, para confundir a quien se adentre en él, de modo que no pueda acertar con la salida", dice la Real Academia. El modelo original comporta un arquitecto para construirlo (Dédalo), un monstruo al que encerrar (el Minotauro), un héroe para penetrar en él (Teseo) y una ayudante que lo descifre (Ariadna y su hilo de oro).

El Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) presentó el pasado 29 de julio la exposición "Por laberintos". Por un lado, muestra la historia de los laberintos que ha habido a lo largo de la historia: desde petroglifos que se pierden en el origen de los tiempos hasta las impactantes construcciones contemporáneas, separando sus dos grandes variantes: los unicursales, aquellos que tienen un único camino de entrada y salida, y los multicursales —inventados por Giovanni Fontana en 1420—, en los que hay recorridos alternativos, callejones sin salida y posibilidad de elección.

Pero un laberinto es también un paradigma, una manera de percibir la realidad, de entender el mundo. Jorge Luis Borges, por ejemplo, consideraba que el mundo tenía que ser un laberinto, porque en caso contrario no existiría más que el caos. Por lo que, paralelamente, la muestra explora el mundo como laberinto: los mitos, las culturas, las artes, la literatura, el cine o la contemplación de las circunvoluciones cerebrales como nuestro laberinto interior.

LOS DOS REYES Y LOS DOS LABERINTOS
Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó a construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era
un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres.Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día.
Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribo sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: "Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que veden el paso." Luego le desató las
ligaduras y lo abandonó en la mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed.La gloria sea con aquel que no muere.
Jorge Luis Borges
Pinturas: Mike Worrall
Fuente: elpais.com
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jueves, 3 de junio de 2010
La escritura del Dios

El jaguar, yaguar o yaguareté (Panthera onca) es un carnívoro felino del género Panthera (junto con el león, el tigre y el leopardo) y la única de las cuatro especies actuales de este género que se encuentra en América. También es el mayor felino de América y el tercero del mundo, después del tigre (Panthera tigris) y el león (Panthera leo). Su distribución actual se extiende desde el norte de México y gran parte de Centroamérica hasta el Perú, Paraguay y el norte de Argentina. Exceptuando algunas poblaciones en Arizona, esta especie ya ha sido prácticamente extirpada de los Estados Unidos desde principios de la década de 1900. Actualmente, el jaguar es otra de las muchas especies amenazadas.
Se encuentra emparentado y se asemeja mucho en apariencia física al leopardo (Panthera pardus), pero generalmente es de mayor tamaño, cuenta con una
constitución más robusta y su comportamiento y hábitat son más acordes a los del tigre (Panthera tigris). Es fundamentalmente solitario y también es un superdepredador que caza mediante emboscadas y tiene una mordedura excepcionalmente potente, lo que le permite perforar los caparazones de reptiles acorazados como las tortugas y utilizar un método poco habitual para matar: ataca directamente la cabeza de la presa entre las orejas para proferir un mordisco fatal que atraviesa el cráneo con sus colmillos alcanzando al cerebro.
A lo largo de la historia, el jaguar ha tenido un lugar prominente y ha sido objeto de culto en la mitología de numerosas culturas indígenas americanas, como los mayas y los aztecas. Los félidos fueron considerados como criaturas mágicas por muchas culturas en todo el mundo. El jaguar además de ser el felino más grande de América, destaca por su fortaleza, andar sigiloso, gran habilidad para la caza y notable velocidad, por lo que fue considerado con habilidades sobrenaturales y se le ha ligado a las prácticas de los chamanes, a distintos dioses y a rituales religiosos.
En el México precolombino, los guerreros jaguar (guerreros profesionales aztecas pertenecientes a las clases bajas), portaban pieles de jaguar sobre la espalda a modo de distintivo en la batalla. El jaguar simbolizaba el decimocuarto día de cada mes en el calendario mexicano. Para la civilización maya eran los intermediarios entre los vivos y los muertos, compañeros en el mundo espiritual y protectores de los palacios reales.
Se encuentra emparentado y se asemeja mucho en apariencia física al leopardo (Panthera pardus), pero generalmente es de mayor tamaño, cuenta con una
constitución más robusta y su comportamiento y hábitat son más acordes a los del tigre (Panthera tigris). Es fundamentalmente solitario y también es un superdepredador que caza mediante emboscadas y tiene una mordedura excepcionalmente potente, lo que le permite perforar los caparazones de reptiles acorazados como las tortugas y utilizar un método poco habitual para matar: ataca directamente la cabeza de la presa entre las orejas para proferir un mordisco fatal que atraviesa el cráneo con sus colmillos alcanzando al cerebro.A lo largo de la historia, el jaguar ha tenido un lugar prominente y ha sido objeto de culto en la mitología de numerosas culturas indígenas americanas, como los mayas y los aztecas. Los félidos fueron considerados como criaturas mágicas por muchas culturas en todo el mundo. El jaguar además de ser el felino más grande de América, destaca por su fortaleza, andar sigiloso, gran habilidad para la caza y notable velocidad, por lo que fue considerado con habilidades sobrenaturales y se le ha ligado a las prácticas de los chamanes, a distintos dioses y a rituales religiosos.
En el México precolombino, los guerreros jaguar (guerreros profesionales aztecas pertenecientes a las clases bajas), portaban pieles de jaguar sobre la espalda a modo de distintivo en la batalla. El jaguar simbolizaba el decimocuarto día de cada mes en el calendario mexicano. Para la civilización maya eran los intermediarios entre los vivos y los muertos, compañeros en el mundo espiritual y protectores de los palacios reales.

"El jaguar se mueve. Y suda belleza y misterio. En la moteada pelambre felina acaso se refugie, oculte, la escritura del dios, un mágico texto secreto cuyo descubrimiento y lectura puede dispensar poder ilimitado. Esta sospecha, esta religiosa y poética creencia, vive en el relato borgeano La escritura del dios. Borges imagina allí a un mago azteca que cae mancillado, humillado y derrotado, bajo el arrogante fuego español. Luego de la extinción del brillo de Tenochtitlán y de Moctezuma, el mago Tzinacán padece cautiverio. Oscuridad. La necesidad de apelar a alguna potencia mágica y divina para expulsar al sacrílego invasor. El mago recuerda entonces la antigua creencia: quizá el nombre secreto del dios duerme, secreto, velado, en la piel de un jaguar. Y un jaguar acompaña al mago en su cautiverio. Y entonces..."
En este relato la imaginación Jorge Luis Borges se sitúa en la cultura azteca, en la áspera región del Valle central de México, en la tierra americana, donde el jaguar, y no el tigre, brilla con especial fulgor. De todos modos, en el relato muchas veces jaguar y tigre son empleados como sinónimos ( una equivalencia que no suprime las diferencias específicas entre ambos pero que destaca su idéntica condición felina). El jaguar aquí, como el tigre siberiano, es entonces apertura hacia la percepción de energías universales. Si te animas a leerlo, percibirás la brisa de lo fantástico que convierte a un animal en mensajero del dios enigmático.
LA ESCRITURA DEL DIOS
La cárcel es profunda y de piedra; su forma, la de un hemisferio casi perfecto, si bien el piso (que también es de piedra) es algo menor que un círculo máximo, hecho que agrava de algún modo los sentimientos de opresión y de vastedad. Un muro medianero la corta; éste, aunque altísimo, no toca la parte superior de la bóveda; de un lado estoy yo, Tzinacán, mago de la pirámide de Qaholom, que Pedro de Alvarado incendió; del otro hay un jaguar, que mide con secretos pasos iguales el tiempo y el espacio del cautiverio. A ras del suelo, una larga ventana con barrotes corta el muro central. En la hora sin sombra se abre una trampa en lo alto, y un carcelero que han ido borrando los años maniobra una roldana de hierro, y nos baja en la punta de un cordel, cántaros
con agua y trozos de carne. La luz entra en la bóveda; en ese instante puedo ver al jaguar.He perdido la cifra de los años que yazgo en la tiniebla; yo, que alguna vez era joven y podía caminar por esta prisión, no hago otra cosa que aguardar, en la postura de mi muerte, el fin que me destinan los dioses. Con el hondo cuchillo de pedernal he abierto el pecho de las víctimas, y ahora no podría, sin magia, levantarme del polvo.
La víspera del incendio de la pirámide, los hombres que bajaron de altos caballos me castigaron con metales ardientes para que revelara el lugar de un tesoro escondido. Abatieron, delante de mis ojos, el ídolo del dios; pero éste no me abandonó y me mantuvo silencioso entre los tormentos. Me laceraron, me rompieron, me deformaron, y luego desperté en esta cárcel, que ya no dejaré en mi vida mortal.
Urgido por la fatalidad de hacer algo, de poblar de algún modo el tiempo, quise recordar, en mi sombra, todo lo que sabía. Noches enteras malgasté en recordar el orden y el número de unas sierpes de piedra o la forma de un árbol medicinal. Así fui revelando los años, así fui entrando en posesión de lo que ya era mío. Una noche sentí que me acercaba a un recuerdo preciso; antes de ver el mar, el viajero siente una agitación en la sangre. Horas después empecé a avistar el recuerdo: era una de las tradiciones del dios. Éste, previendo que en el fin de los tiempos ocurrirían muchas desventuras y ruinas, escribió el primer día de la Creación una sentencia mágica, apta para conjurar esos males. La escribió de manera que llegara a las más apartadas generaciones y que no la tocara el azar. Nadie sabe en qué punto la escribió, ni con qué caracteres; pero nos consta que perdura,
Esta reflexión me animó, y luego me infundió una especie de vértigo. En el ámbito de la tierra hay formas antiguas, formas incorruptibles y eternas; cualquiera de ellas podía ser el símbolo buscado. Una montaña podía ser la palabra del dios, o un río o el imperio o la configuración de los astros. Pero en el curso de los siglos las montañas se allanan y el camino de un río suele desviarse y los imperios conocen mutaciones y estragos y la figura de los astros varía. En el firmamento hay mudanza. La montaña y la estrella son individuos, y los individuos caducan. Busqué algo más tenaz, más invulnerable. Pensé en las generaciones de los cereales, de los pastos, de los pájaros, de los hombres. Quizá en mi cara estuviera escrita la magia, quizá yo mismo fuera el fin de mi busca. En ese afán estaba cuando recordé que el jaguar era uno de los atributos del dios.
Entonces mi alma se llenó de piedad. Imaginé la primera mañana del tiempo, imaginé a mi dios confiando el mensaje a la piel viva de los jaguares, que se amarían y se engendrarían sin fin, en cavernas, en cañaverales, en islas, para que los últimos hombres lo recibieran. Imaginé esa red de tigres, ese caliente laberinto de tigres, dando horror a los prados y a los rebaños para conservar un dibujo. En la otra celda había un jaguar; en su vecindad percibí una confirmación de mi conjetura y un secreto favor.
Dediqué largos años a aprender el orden y la configuración de las manchas. Cada ciega jornada me concedía un instante de luz, y así pude fijar en la mente las negras formas que tachaban el pelaje amarillo. Algunas incluían puntos; otras formaban rayas
trasversales en la cara interior de las piernas; otras, anulares, se repetían. Acaso eran un mismo sonido o una misma palabra. Muchas tenían bordes rojos.No diré las fatigas de mi labor. Más de una vez grité a la bóveda que era imposible descifrar aquel testo. Gradualmente, el enigma concreto que me atareaba me inquietó menos que el enigma genérico de una sentencia escrita por un dios. ¿Qué tipo de sentencia (me pregunté) construirá una mente absoluta? Consideré que aun en los lenguajes humanos no hay proposición que no implique el universo entero; decir el tigre es decir los tigres que lo engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que se alimentaron los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio luz a la tierra. Consideré que en el lenguaje de un dios toda palabra enunciaría esa infinita concatenación de los hechos, y no de un modo implícito, sino explícito, y no de un modo progresivo, sino inmediato. Con el tiempo, la noción de una sentencia divina parecióme pueril o blasfematoria. Un dios, reflexioné, sólo debe decir una palabra, y en esa palabra la plenitud. Ninguna voz articulada por él puede ser inferior al universo o menos que la suma del tiempo. Sombras o simulacros de esa voz que equivale a un lenguaje y a cuanto puede comprender un lenguaje son las ambiciosas y pobres voces humanas, todo, mundo, universo.
Un día o una noche -entre mis días y mis noches ¿qué diferencia cabe?- soñé que en el piso de la cárcel había un grano de arena. Volví a dormir; soñé que los granos de arena eran tres. Fueron, así, multiplicándose hasta colmar la cárdel, y yo moría bajo ese hemisferio de arena. Comprendí que estaba soñando: con un vasto esfuerzo me desperté. El despertar fue inútil: la innumerable
arena me sofocaba. Alguien me dijo: "No has despertado a la vigilia, sino a un sueño anterior. Ese sueño está dentro de otro, y así hasta lo infinito, que es el número de los granos de arena. El camino que habrás de desandar es interminable, y morirás antes de haber despertado realmente."Me sentí perdido. La arena me rompía la boca, pero grité: "Ni una arena soñada puede matarme, ni hay sueños que estén dentro de sueños." Un resplandor me despertó. En la tiniebla superior se cernía un círculo de luz. Vi la cara y las manos del carcelero, la roldana, el cordel, la carne y los cántaros.
Un hombre se confunde, gradualmente, con la forma de su destino; un hombre es, a la larga, sus circunstancias. Más que un descifrador o un vengador, más que un sacerdote del dios, yo era un encarcelado. Del incansable laberinto de sueños yo regresé como a mi casa a la dura prisión. Bendije su humedad, bendije su tigre, bendije el agujero de luz, bendije mi viejo cuerpo doliente, bendije la tiniebla y la piedra.
Entonces ocurrió lo que no puedo olvidar ni comunicar. Ocurrió la unión con la divinidad, con el universo (no sé si estas palabras difieren). El éxtasis no repite sus símbolos: hay quien ha visto a Dios en un resplandor, hay quien lo ha percibido en una espada o en los círculos de una rosa. Yo vi una Rueda altísima, que no estaba delante de mis ojos, ni detrás, ni a los lados, sino en todas partes, a un tiempo. Esa Rueda estaba hecha de agua, pero también de fuego, y era (aunque se veía el borde) infinita. Entretejidas, la formaban todas las cosas que serán, que son y que fueron, y yo era una de las hebras de esa trama total, y Pedro de Alvarado, que me dio tormento, era
otra. Ahí estaban las causas y los efectos, y me bastaba ver esa Rueda para entenderlo todo, sin fin. ¡Oh dicha de entender, mayor que la de imaginar o la de sentir! Vi el universo y vi los íntimos designios del universo. Vi los orígenes que narra el Libro del Común. Vi las montañas que surgieron del agua, vi los primeros hombres de palo, vi las tinajas que se volvieron contra los hombres, vi los perros que les destrozaron las caras. Vi el dios sin cara que hay detrás de los dioses. Vi infinitos procesos que formaban una sola felicidad, y, entendiéndolo todo, alcancé también a entender la escritura del tigre.Es una fórmula de catorce palabras casuales (que parecen casuales), y me bastaría decirla en voz alta para ser todopoderoso. Me bastaría decirla para abolir esta cárcel de piedra, para que el día entrara en mi noche, para ser joven, para ser inmortal, para que el tigre destrozara a Alvarado, para sumir el santo cuchillo en pechos españoles, para reconstruir la pirámide, para reconstruir el imperio. Cuarenta sílabas, catorce palabras, y yo, Tzinacán, regiría las tierras que rigió Moctezuma. Pero yo sé que nunca diré esas palabras, porque ya no me acuerdo de Tzinacán.
Que muera conmigo el misterio que está escrito en los tigres. Quien ha entrevisto el universo, quien ha entrevisto los ardientes designios del universo, no puede pensar en un hombre, en sus triviales dichas o desventuras, aunque ese hombre sea él. Ese hombre ha sido él, y ahora no le importa. Qué le importa la suerte de aquel otro, qué le importa la nación de aquel otro, si él, ahora, es nadie. Por eso no pronuncio la fórmula, por eso dejo que me olviden los días, acostado en la oscuridad.

Fuentes: Wikipedia, Temakel
Pintura: Henri Rousseau, Sorpresa
Escuchar: Antón García Abril, El hombre y la tierra
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jueves, 4 de junio de 2009
Sueño

Si el sueño fuera (como dicen) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?
¿Por qué es tan triste madrugar? La hora
nos despoja de un don inconcebible,
tan íntimo que sólo es traducible
en un sopor que la vigilia dora
de sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra
y que el día deforma en sus espejos.
¿Quién serás esta noche en el oscuro
sueño, del otro lado de su muro?
Jorge Luis Borges
Pintura: Michael Parkes, El juglar (1985)
Escuchar: All I have to do is dream, Everly Brothers
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domingo, 21 de diciembre de 2008
El gato blanco
«El gato blanco y célibe se mira en la lúcida luna del espejo y no puede saber que esa blancura y esos ojos de oro que no ha visto nunca en la casa son su propia imagen. ¿Quién le dirá que el otro que lo observa es apenas un sueño del espejo? Me digo que esos gatos armoniosos el de cristal y el de caliente sangre, son simulacros que concede el tiempo un arquetipo eterno. Así lo afirma, sombra también, Plotino en las Ennéadas. ¿De qué Adán anterior al paraíso, de qué divinidad indescifrable somos los hombres un espejo roto?»
(Jorge Luis Borges a su gato Beppo, La Cifra, 1981)
Fotografía de Roni: Laura Ferrés
Escuchar: Buenavista Social Club, Chan Chan
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sábado, 4 de octubre de 2008
La soledad del hacedor
"¿Con qué te puedo retener?
Te ofrezco pobres calles, desesperados crepúsculos, la luna de los desarrapados suburbios.
Te ofrezco la amargura de un hombre que ha mirado largamente la luna solitaria.
Te ofrezco mis antepasados, mis muertos, fantasmas que los vivos han honrado en el mármol: el padre de mi padre asesinado en la frontera de Buenos Aires, dos balas atravesaron sus pulmones y barbudo y muerto, fue envuelto en un cuero de vaca por sus soldados; el abuelo de mi madre que a los veinticuatro años comandó una carga de trescientos hombres en el Perú, ahora fantasmas sobre desvanecidos caballos.
Te ofrezco lo que pueda haber en mis libros, lo que pueda haber de hombría y de humor en mi vida.
Te ofrezco la lealtad de un hombre que nunca ha sido leal.
Te ofrezco la entraña de mi ser que de algún modo he preservado; el corazón central que no utiliza palabras ni trafica con sueños, intocado por el tiempo, por la alegría, por la adversidad.
Te ofrezco el recuerdo de una rosa amarilla, vista en el crepúsculo años antes de que nacieras.
Te ofrezco explicaciones acerca de ti misma,
teorías sobre ti misma,
auténticas y sorprendentes novedades de ti misma.
Te puedo dar mi soledad, mis tinieblas, el hambre de mi corazón; estoy tratando de sobornarte con la incertidumbre, con el peligro, con la derrota."
Te ofrezco la amargura de un hombre que ha mirado largamente la luna solitaria.
Te ofrezco mis antepasados, mis muertos, fantasmas que los vivos han honrado en el mármol: el padre de mi padre asesinado en la frontera de Buenos Aires, dos balas atravesaron sus pulmones y barbudo y muerto, fue envuelto en un cuero de vaca por sus soldados; el abuelo de mi madre que a los veinticuatro años comandó una carga de trescientos hombres en el Perú, ahora fantasmas sobre desvanecidos caballos.
Te ofrezco lo que pueda haber en mis libros, lo que pueda haber de hombría y de humor en mi vida.
Te ofrezco la lealtad de un hombre que nunca ha sido leal.
Te ofrezco la entraña de mi ser que de algún modo he preservado; el corazón central que no utiliza palabras ni trafica con sueños, intocado por el tiempo, por la alegría, por la adversidad.

Te ofrezco el recuerdo de una rosa amarilla, vista en el crepúsculo años antes de que nacieras.
Te ofrezco explicaciones acerca de ti misma,
teorías sobre ti misma,
auténticas y sorprendentes novedades de ti misma.
Te puedo dar mi soledad, mis tinieblas, el hambre de mi corazón; estoy tratando de sobornarte con la incertidumbre, con el peligro, con la derrota."
Jorge Luis Borges
Fotografía: Diane ArbusCanta: Celia Cruz, Te busco
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miércoles, 1 de octubre de 2008
God save the queen
No son más silenciosos los espejos
ni más furtiva el alba aventurera;
eres, bajo la luna, esa pantera
que nos es dado divisar de lejos.
Por obra indescifrable de un decreto
divino, te buscamos vanamente;
tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la morosa
caricia de mi mano. Has admitido,
desde esa eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás. Eres el dueño
de un ámbito cerrado como un sueño.
Jorge Luis Borges
Fotografía: Laura Ferrés
Cantan: The Ronettes, Be my baby
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