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lunes, 18 de febrero de 2013

El Mar de John Banville VI


"Salimos a la luz del día como si pisáramos un nuevo planeta en el que sólo viviéramos nosotros."
 
 

"Siempre he poseído la convicción, inmune a todas las consideraciones racionales, de que en algún momento futuro y sin especificar, el permanente ensayo que es mi vida, con sus numerosas malinterpretaciones, sus deslices y pifias, terminará, y la obra propiamente dicha, para la que me he estado preparando siempre y con tanto ahínco, comenzará por fin. Es una ilusión muy corriente, lo sé, todo el mundo la tiene."


"La felicidad era diferente en la infancia. Entonces se trataba tan sólo de acumular, de coleccionar cosas -nuevas experiencias, nuevas emociones- y aplicarlas como si fueran relucientes azulejos en lo que algún día sería el maravillosamente acabado pabellón de yo. Y la incredulidad, eso también era parte importante de ser feliz, me refiero a esa eufórica incapacidad de creerte del todo tu buena suerte."


"...y yo tan sólo allí de pie, no sé en qué estaba pensando, no recuerdo que pensara en nada. Hay veces así, no muchas, en las que la mente simplemente se vacía."


"¿Acaso no ha sido siempre mi objetivo, no es, de hecho, el objetivo secreto de todos nosotros, dejar de ser carne y transformarnos por completo en la sutileza del espíritu que ya no sufre?"


"¿Es extraño, verdad, la manera en que se alojan en la mente las cosas a las que aparentemente no prestamos atención?



"Se marcharon, los dioses, el día de la extraña marea."

 

"Sí, las cosas perduran, mientras la vida pasa."

John Banville
Fragmentos de "The Sea" (2005)

Pinturas: Maxfield Parris, Alex Gross, Yang Feiyun, Tokuhiro Kawai (4, 5, 6 y 7), Antonio Capel

lunes, 11 de febrero de 2013

Los gatos dominan la Red


"Sin duda, las gatos son tremendamente populares en Internet. Seguramente en el futuro, algún científico estudiará el porqué de esa obsesión por los felinos.

Google, a través de su Laboratorio X —de donde han salido proyectos como los coches autónomos y Project Glass, las gafas de realidad aumentada— lleva experimentando desde hace años con un cerebro artificial que pretende recrear el funcionamiento de la mente humana. La compañía conectó 16.000 procesadores, creando una de las mayores redes neurales del mundo con más de 1.000 millones de conexiones. Después, los investigadores de Google pusieron a este "cerebro" a analizar contenidos, para que buscase y aprendiese por su cuenta.

Este cerebro decidió buscar fotos y vídeos de gatos entre 10.000 millones de imágenes extraídas de YouTube. Al parecer, el principal motivo que le llevó a dedicar sus esfuerzos a la búsqueda de imágenes de gatos es la gran cantidad de este material y la gran interacción que produce en Internet." (20minutos.es)


O sea, que es evidente que, aparte del sexo, son los gatos los que dominan la Red. Claro que hay de todo, especialmente muchas chorradas. Aquí, por ejemplo,comentamos hace tiempo lo de los "gatos empanados" y los "gatos maquillados." Buscando cosas para este artículo, encuentro otras modas como los "Boozecats" (gente de fiesta, borracha y con gatos insertados como si fueran botellas) o los Kitlers y los Lenincats (gatos con mancha en la nariz a modo de bigote y que se parecen a Hitler; la perfección del kitler es cuando su pelo es blanco y tiene, además, una mancha negra en la cabeza a modo de flequillo. Los que, en cambio, tienen una mancha parda debajo de la boca, son conocidos como ‘Lenincats’.) Vamos, que fue un milagro que después de ver estas cosas, el cerebro ese no acabara cortocircuitado.

Fuente: PlayGround

Imágenes: Tokuhiro Kawai 

lunes, 8 de octubre de 2012

La Eternidad


El reloj

Los chinos ven la hora en los ojos de los gatos. Cierto día, un misionero que se paseaba por un arrabal de Nankin advirtió que se le había olvidado el reloj, y le preguntó a un chiquillo qué hora era.

El chicuelo del Celeste Imperio vaciló al pronto; luego, volviendo sobre sí, contestó: «Voy a decírselo.» Pocos instantes después presentose de nuevo, trayendo un gatazo, y mirándole, como suele decirse, a lo blanco de los ojos, afirmó, sin titubear: «Todavía no son las doce en punto.» Y así era en verdad.

Yo, si me inclino hacia la hermosa felina, la bien nombrada, que es a un tiempo mismo honor de su sexo, orgullo de mi corazón y perfume de mi espíritu, ya sea de noche, ya de día, en luz o en sombra opaca, en el fondo de sus ojos adorables veo siempre con claridad la hora, siempre la misma, una hora vasta, solemne, grande como el espacio, sin división de minutos ni segundos, una hora inmóvil que no está marcada en los relojes, y es, sin embargo, leve como un suspiro, rápida como una ojeada

Si algún importuno viniera a molestarme mientras la mirada mía reposa en tan deliciosa esfera; si algún genio malo e intolerante, si algún Demonio del contratiempo viniese a decirme: «¿Qué miras con tal cuidado? ¿Qué buscas en los ojos de esa criatura? ¿Ves en ellos la hora, mortal pródigo y holgazán?» Yo, sin vacilar, contestaría: «Sí; veo en ellos la hora. ¡Es la Eternidad!»

¿Verdad, señora, que éste es un madrigal ciertamente meritorio y tan enfático como vos misma? Por descontado, tanto placer tuve en bordar esta galantería presuntuosa, que nada, en cambio, he de pediros. 

Charles Baudelaire

Pintura:  Tokuhiro Kawai