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domingo, 4 de enero de 2009

Oda al gato



Los animales fueron
imperfectos,
largos de cola, tristes
de cabeza. Poco a poco se fueron
componiendo, haciéndose paisaje,
adquiriendo lunares, gracia, vuelo.
El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.

El hombre quiere ser pescado y pájaro,
la serpiente quisiera tener alas,
el perro es un león desorientado,
el ingeniero quiere ser poeta,
la mosca estudia para golondrina,
el poeta trata de imitar la mosca,
pero el gato
quiere ser sólo gato
y todo gato es gato
desde bigote a cola,
desde presentimiento a rata viva,
desde la noche hasta sus ojos de oro.

No hay unidad
como él, no tienen
la luna ni la flor
tal contextura:
es una sola cosa
como el sol o el topacio,
y la elástica línea en su contorno
firme y sutil es como
la línea de la proa de una nave.
Sus ojos amarillos
dejaron una sola
ranura
para echar las monedas de la noche.

Oh pequeño
emperador sin orbe,
conquistador sin patria,
mínimo tigre de salón, nupcial
sultán del cielo
de las tejas eróticas,
el viento del amor
en la intemperie
reclamas
cuando pasas
y posas
cuatro pies delicados
en el suelo,
oliendo,
desconfiando
de todo lo terrestre,
porque todo
es inmundo
para el inmaculado pie del gato.

Oh fiera independiente
de la casa, arrogante
vestigio de la noche,
perezoso, gimnástico
y ajeno,
profundísimo gato,
policía secreta
de las habitaciones,
insignia
de un desaparecido terciopelo,
seguramente no hay
enigma
en tu manera,
tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe y perteneces
al habitante menos misterioso,
tal vez todos lo creen,
todos se creen dueños, propietarios, tíos
de gatos, compañeros,
colegas,
discípulos o amigos
de su gato.

Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé, la vida y su archipiélago,
el mar y la ciudad incalculable,
la botánica,
el gineceo con sus extravíos,
el por y el menos de la matemática,
los embudos volcánicos del mundo,
la cáscara irreal del cocodrilo,
la bondad ignorada del bombero,
el atavismo azul del sacerdote,
pero no puedo descifrar un gato.
Mi razón resbaló en su indiferencia,
sus ojos tienen números de oro.

(Pablo Neruda, Navegaciones y regresos, 1959) El joven Pablo
Pablo Neruda y Salvador Allende

Ilustración:
"Thiago de Mello", arpillera de Violeta Parra

Escuchar:
Inti Illimani, Alturas

lunes, 15 de diciembre de 2008

Volver a los 17

Love
Me complace inaugurar el capítulo de las mejores canciones de amor de todos los tiempos con "Volver a los 17", una maravillosa canción compuesta por la artista chilena Violeta Parra (1917-1967) en versión de la cantante argentina Mercedes Sosa (1935) y el músico brasileño Milton Nascimento (1942).

Violeta escribió esta canción rejuvenecida por el amor de su vida, Gilbert Favré, un suizo 18 años más joven, que vivió con ella entre 1960 y 1965, y que al final la abandonó.

"Yo no tomo la guitarra / por obtener un aplauso.
Yo canto la diferencia /que hay de lo cierto a lo falso.
De lo contrario, no canto" (Violeta Parra)

"…De cantar a lo humano y lo divino,
voluntariosa, hiciste tu silencio
sin otra enfermedad que la tristeza…"
(Pablo Neruda, Elegía para cantar)

"¡Canta fuerte, mierda!" (Violeta a su hermano Lalo)



Volver a los 17
Autora: Violeta Parra
Intérpretes: Mercedes Sosa y Milton Nascimento