Ray Manzarek
(1939-2013)
Para leer:
Georges Moustaki
(1934-2013)
Para leer:

quiere ser libre, que la libertad es la cosa más sagrada y valiosa que un hombre puede poseer. ¡Pero eso es mentira! La gente tiene miedo de ser libre: ellos mismos se atan a sus cadenas. Tratarán de pelearle a cualquiera que trate de romper esas cadenas. Esa es su seguridad... ¿Cómo esperan que yo o alguien más los libere si ellos realmente no quieren ser libres?
mantengas la libertad con la que naciste. Hay muchas maneras sutiles. Uno ve que todos a tu alrededor han destruido su verdadera naturaleza de sentir. Tú imitas lo que ves.
ara sentir en el momento, está bien con ellos. A eso es lo que el amor verdadero apunta, dejar que una persona sea lo que realmente es... la mayoría de las personas te aman por lo que pretendes ser... para mantener su amor, debes seguir aparentando, actuando. Es verdad, estamos atrapados en una imagen, un acto, y lo más triste es, que la gente le da uso a esa imagen, crecen atados a sus máscaras. Ellos aman sus cadenas. Olvidan todo acerca de quiénes son realmente. Y si tú tratas de recordárselo, te odiarán por eso, ellos sienten que estás tratando de robarle su mas preciada posesión.

excursiones se hicieron para ver a Brando bailar un tango que recordaba lo que no habíamos vivido. Bertolucci tuvo mucha suerte, se encontró con un tesoro en sus manos, con una bomba emocional, con alguien que tenía una soberbia capacidad para ser real. Brando no se escamoteaba. Acostumbraba a ser como era, mostraba su verdadera naturaleza aunque se hiciera aborrecer. Y éste es un legado impagable porque si algo necesitamos de los demás es saber cómo son de verdad para poder saber cómo somos nosotros. No necesitamos modelos ideales, sino reconocernos. Bertolucci aprovechó estas cualidades y le dejó improvisar y que echase mano de su propia experiencia en el numerito de la mantequilla o el corte de uñas de Maria Schneider. Le dejó ser. Y se lo agradecimos. Por fin ponía ante nuestros ojos lo incómodo y ese algo rancio de la realidad que finamente llamamos desolación y el desesperante
deseo de compartirla con alguien.
se abre tanto. Yo estaba convencido de que tenía las escenas de amor en su interior".
derrochando armonía y buen rollo con las personas con las que convivía ni tampoco con las que trabajaba. Y eso que era simpático y le encantaba gastar bromas, aunque a veces tan pesadas que le sirvieron para que lo expulsaran de la academia militar en que lo ingresó su padre con la esperanza de enderezarle. O el desconcierto y cabreo que provocaba en los directores y compañeros de las películas en que trabajaba. Hay bastantes anécdotas sobre este entretenimiento que le valió los títulos de patán y memo entre la prensa, con la que por cierto nunca se llevó muy bien. Tropezones como la legendaria entrevista que le propinó un malévolo Truman Capote, donde quedaba retratado como machista y despiadado, le fueron haciendo más mordaz y huraño. Entre todos ellos, sus esposas y él mismo nos han legado una imagen que nos anima a creernos
mejor que él. Y es que es muy fácil caer en la tentación de darles lecciones a los demás de cómo vivir, cuando para vivir la vida de Marlon Brando habría que ser precisamente él.
de ellos bastante desquiciados, como Christian, que dio lugar a las lastimosas apariciones de Brando en los tribunales en que se juzgaba a su hijo por la muerte del marido de su hermanastra Cheyenne, que años más tarde acabó suicidándose. También intentó suicidarse la madre de Christian y alguna que otra amante. Por no hablar de los amigos íntimos que acabaron enganchados a las drogas o el alcohol. ¿Pero vamos a culparle a él de todo? ¿Tal era la dependencia que creaba en los demás que anulaba su voluntad? Su problema era que no llegaba a sentirse cómodo ni aun cuando estaba satisfecho por los éxitos logrados en su carrera, ni aun cuando seducía a mujeres y hombres y se sentía deseado y querido. Ni siquiera el tan venerado por él psicoanálisis lograba adaptarle. Decía algo que nos puede poner sobre la pista: "Todo pasa. Nada dura más que un rato. Si aprendes esto, la vida se hace más fácil". Quizá esta lección la aprendió en el hogar, al ser testigo de cómo su madre, a la
que adoraba, iba despegándose de sus maravillosas ilusiones por el teatro y por la vida artística e iba uniéndose a la bebida. Cuando Brando se marchó a Nueva York, siguiendo el rastro de sus hermanas, llevaba como capital el teatro con el que su madre soñaba, la mediocridad de su padre y la lección aprendida de ver cómo un ser querido se iba perdiendo en su propia debilidad. Con este equipaje, más su furia y un toque de Actor's Studio, sólo tenía que dejarse querer por nada menos que Elia Kazan y Tennessee Williams para llegar al fondo de nosotros con un simple fruncido de entrecejo. De nuevo Kazan dice de él: "No había nada que hacer con Brando que pudiera compararse con lo que él podía hacer consigo mismo. En aquellos tiempos era un genio".
chupa de cuero y la gorra ladeada (Salvaje), en atreverse con el militar homosexual de Reflejos en un ojo dorado, personaje que echó para atrás a otros duros como Robert Mitchum. En los modales rebeldes. Se sentía tan imitado que dijo de James Dean al ver Al este del Edén: "Parece que lleve mi último guardarropa y que use el talento de mi último año". También en lo político se manifestó enseguida contra las injusticias sociales, el racismo, contra la pena de muerte y a favor del indio americano. El problema es que pocos se tomaron en serio la recogida de su segundo Oscar por Pequeña Pluma. Hacía las cosas y ejercía la crítica de tal modo que no caía tan bien como las giras por el Tercer Mundo y por la pobreza que ahora tan de moda están entre las gentes de Hollywood y que más que nada sirven para lavar la imagen y para promocionar. Marlon Brando irritaba y lo pagó con altibajos en su carrera. Y continúa molestando, pero atrae. A veces me atrae hasta el desprecio con que mira. Murió el verano pasado.»
“La gracia me llegó en forma de gato”, anotó William Burroughs en sus diarios finales; especialmente en forma de Riski, su preferido. El ídolo de los beatniks quería bastante menos a los seres humanos, pensaba que el amor “es mayormente un fraude, una mescolanza de sexo y sentimentalismo que ha sido sistemáticamente vulgarizada y degradada por el virus del poder”.

















