jueves, 15 de noviembre de 2012

Los 5000 dedos del Dr. T

 
 Ya he contado alguna vez que mi pasión por el cine nació en la infancia. Las primeras películas de las que tengo un recuerdo imborrable son Los tres mosqueteros, Sissí Emperatriz, El regreso de Fu-Manchú y la más alucinante de todas, ésta a la que dedico hoy la entrada: Los 5000 dedos del Dr. T. (1953). Ya véis que ya entonces mis gustos eran de lo más ecléctico, será de nacimiento, supongo.

Sinopsis: 

Bart es un niño al que su madre le obliga a tomar clases de piano. Su profesor es un ser odioso que le somete a situaciones extremas para que se esfuerce en aprender dicho instrumento. Al final de una clase, Bart se duerme y tiene una pesadilla terrorífica en un mundo surrealista en el que el Dr. T tiene esclavizados a 500 niños para que ejecuten la pieza de piano más grande jamás oída.

Nadie ha sabido llevar al cine el imaginario infantil entre colorido y macabro del popular poeta norteamericano Dr. Seuss como Stanley Kramer, el productor, y Roy Rowland, el director (aunque se dice que fue Kramer quien realmente dirigió la película, ya que Roy Rowland siguió todas sus órdenes al pie de la letra, y además consta que Kramer dirigió algunas escenas).

Imaginativa, rodada de manera independiente (distribuída por Columbia) con pocos recursos y un reparto entonces semidesconocido, se sirve de una espectacular fotografía en Technicolor y un diseño de producción cuyo mérito artístico no ha sido valorado hasta fechas relativamente recientes.

Aunque el guión original del Dr. Seuss fue severamente censurado para su cabreo monumental, mantiene esa mezcla de jovialidad, tontería y crueldad que siempre lo caracterizó.

Siendo un musical, la banda sonora es muy buena, incorporando de manera paródica diversos estilos musicales (desde el tango hasta la música ci-fi cincuentera con el theremin) y un excelente ballet en el que está un joven George Chakiris, casi una década antes de West Side Story y de su triunfo en los Oscar y los Globos de Oro como mejor actor secundario.

Una pequeña obra maestra incomprendida en su día, ahora es un ejemplo de manual de cómo debe trasladarse el imaginario infantil al celuloide: gusta a cinéfilos y amantes del bizarrismo por igual: logra inquietar sin ser una peli de terror, nos hace reír sin ser estrictamente una comedia, sólo con su atmósfera de pesadilla infantil y el sadismo oculto en el guión. Eso es muy difícil de lograr. Una experiencia fascinante. Y eso que el argumento no puede ser más tonto, pero funciona.

Anécdotas:

- Stanley Kramer quería que los 500 alumnos del colegio Terlwigger fueran realmente 500 niños, pero por limitaciones presupuestarias tuvieron que ser 150. Éstos no disfrutaron precisamente de la experiencia: de hecho una vez que se estaban portando mal, Kramer amenazó con despedirlos, lo que provocó una ovación espontánea por parte de los aludidos.

Encima, un niño se intoxicó con un perrito caliente en mal estado y empezó a vomitar, haciendo que los otros 149 empezaran también a echar la pota sobre el gran piano. El Dr. Seuss diría que los críticos reaccionaron igual.

- El día de la premiere, el cine se vació prácticamente en un cuarto de hora, quedando solo Kramer, Rowland, un par de críticos y algún espectador paciente.

- La escena del ascensor hacia las mazmorras se cortó debido a una referencia a las cámaras de gas.

- Y finalmente una para los fans de los Simpson. El niño héroe se llama Bart. El villano se llama Terlwegger. ¿No os suena de algo?

Fuente: abandomoviez