martes, 30 de noviembre de 2010

Poemas del Milenio XII



A UN OLMO SECO
Antonio Machado (1875-1939)

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.
¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

(de Campos de Castilla, 1912)

lunes, 29 de noviembre de 2010

Cualquier noche



QUALSEVOL NIT POR SORTIR EL SOL
Jaume Sisa

Fa una nit clara i tranquil.la, hi ha la lluna que fa llum,
els convidats van arribant i van omplint tota la casa
de colors i de perfums.

Heus aquí a Blancaneus, en Pulgarcito, els tres porquets,
el gos Snoopy i el seu secretari Emili, i en Simbad,
l'Ali-baba i en Gullivert.

Oh, benvinguts, passeu passeu, de les tristors en farem fum,
a casa meva és casa vostra si que hi ha cases d'algú.

Hola Jaimito, i doña Urraca, i en Carpanta, i Barba-azul,
i Frankenstein, i l'home-llop,i el compte Dràcula, i Tarzan,
la mona Chita i Peter Pan,
la senyoreta Marieta de l'ull viu ve amb un soldat,
els Reis d'Orient, Papa Noël, el pato Donald i en Pasqual,
la Pepa maca i Superman.

Bona nit senyor King Kong, senyor Asterix i en Taxi-Key,
Roberto Alcazar i Pedrín, l'home del sac, i en Patufet,
senyor Charlot, senyor Obelix.
en Pinotxo ve amb la Monyos agafada del bracet,
hi ha la dona que ven globus, la família Ulises,
i el Capitán Trueno en patinet.

I a les dotze han arribat la fada bona i Ventafocs,
en Tom i Jerry, la bruixa Calixta, Bambi i Moby Dick,
i l'emperadriu Sissi,
i Mortadelo, i Filemón, i Guillem Brown, i Guillem Tell,
la Caputxeta Vermelleta, el Llop Ferotge, i el Caganer,
en Cocoliso i en Popeye.

Oh, benvinguts, passeu passeu, ara ja no falta ningú,
o potser sí, ja me n'adono que tan sols hi faltes tu,
també pots venir si vols, t'esperem, hi ha lloc per tots.
el temps no conta, ni l'espai, qualsevol nit pot sortir el sol.

Barra04

CUALQUIER NOCHE PUEDE SALIR EL SOL

Jaume Sisa

Hace una noche clara y tranquila, está la luna que da luz,
los invitados van llegando y van llenando toda la casa
de colores y de perfumes.

Hete aquí a Blancanieves, Pulgarcito, los Tres Cerditos
el perro Snoopy y su secretario Emilio, y Simbad,
Ali babá y Gullivert.

Oh, bienvenidos, pasad, pasad, de las tristezas haremos humo
mi casa es vuestra casa, si es que hay casas de alguien.

Hola Jaimito, y doña Urraca, y Carpanta y Barbazul,
Frankenstein y el Hombre Lobo, el conde Drácula y Tarzán,
la mona Chita y Peter Pan,
la señorita Marieta del ojo vivo viene con un soldado,
los Reyes de Oriente, Papa Noel, el pato Donald y Pascual,
la Pepa Maca y Superman.

Buenas noches señor King Kong, señor Asterix y Taxi-Key,
Roberto Alcázar y Pedrín, el Hombre del Saco y Patufet,
Señor Charlot, señor Obélix,
Pinocho viene con la Moños cogida del brazo,
está la mujer que vende globos, la familia Ulises
y el Capitán Trueno en patinete.

Y a las doce han llegado la hada buena y la Cenicienta,
Tom y Jerry, la bruja Calixta, Bambi y Moby Dick
y la emperatriz Sissí,
y Mortadelo y Filemón, y Guillermo Brown y Guillermo Tell,
la Caperucita roja, el Lobo Feroz y el 'Caganer'
Cocoliso y Popeye.

Oh, bienvenidos, pasad, pasad, ahora ya no falta nadie,
o quizás sí, ya me doy cuenta que sólo faltas tú,
también puedes venir si quieres, te esperamos, hay sitio para todos
el tiempo no cuenta, ni el espacio, cualquier noche puede salir el sol.

viernes, 26 de noviembre de 2010

El gato de Moulinsart

Retrato de familia

Tintín, el intrépido reportero belga de sempiterno aspecto juvenil, que viaja por todo el mundo metiéndose en problemas por defender causas justas, y que va siempre acompañado por su perro Milú, es un personaje que ya forma parte de la cultura universal. Su actitud de lucha contra las injusticias y su valentía para hacer frente al tirano y aceptar un desafío allá donde se le presente, convierten al personaje creado por Hergé, en un símbolo de rebeldía y justicia.
Colegas
Las aventuras de Tintín es una de las más influyentes series europeas de historieta del siglo XX. Creada por el autor belga Georges Remi (Hergé), y característica del estilo gráfico y narrativo conocido como "línea clara", está constituida por un total de 24 álbumes, el primero de los cuales se publicó en 1930 y el último en 1976.

Tintín adoraba a Milú, en cambio Hergé prefería a los gatos, en especial a los siameses, por su paciencia, limpieza y por su independencia afectuosa. En "Las 7 bolas de cristal" aparece por primera el gato siamés viviendo en el castillo de Moulinsart; no sabemos de quién es, ni cómo se llama, ni siquiera si es gato o gata, aunque me inclino a creer que es gato, teniendo en cuenta la elevada proporción de personajes masculinos que aparecen en las aventuras de Tintín, frente al numero de personajes femeninos. Posteriormente, aparece también en Objetivo la Luna, El asunto Tornasol, Las joyas de la Castafiore y Tintín y los pícaros.

El principio de una gran amistad

Milú, el fox-terrier fiel compañero de Tintín, con la intuición despierta y el agudo olfato propios de su especie, presiente a menudo las situaciones peligrosas en las que su amo va a verse Bocetosenvuelto y, felizmente, está siempre ahí para acudir al rescate.

Pero también tiene un carácter llamativamente humano. Es más bien jactancioso, bastante susceptible, supersticioso, muy sensible y le pirra el alcohol.

Sus contactos con otros animales son complicados. Atacado continuamente por boas, búfalos, cabras, cóndores, cangrejos, cocodrilos, erizos, vacas, loros y otras bestias feroces, Milú parece muy alejado de sus irracionales congéneres. En Moulinsart mantendrá relaciones en principio tensas con el gato, para finalmente convertirse en su cómplice y compañero inseparable.

Fuente: Les aventures de Tintin, Chat du capitaine

jueves, 25 de noviembre de 2010

El bigote del tigre


Una mujer joven llamada Yun Ok fue un día a la casa de un ermitaño de la montaña en busca de ayuda. El ermitaño era un sabio de gran renombre, hacedor de ensalmos y pociones mágicas. Cuando Yun Ok entró en su casa, el ermitaño, sin levantar los ojos de la chimenea que estaba mirando, dijo:

-¿Por qué viniste?

Yun Ok respondió:

-Oh, Sabio Famoso, ¡estoy desesperada! ¡Hazme una poción!

-Sí, sí, ¡hazme una poción! -exclamó el ermitaño-. ¡Todos necesitan pociones! ¿Podemos curar un mundo enfermo con una poción?

-Maestro -insistió Yun Ok-, si no me ayudas, estaré verdaderamente perdida.

-Bueno, ¿cuál es tu problema? -dijo el ermitaño, resignado por fin a escucharla.

-Se trata de mi marido -comenzó Yun Ok-. Tengo un gran amor por él. Durante los últimos tres años ha estado peleando en la guerra. Ahora que ha vuelto, casi no me habla, a mí ni a nadie. Si yo hablo, no parece oír. Cuando habla, lo hace con aspereza. Si le sirvo comida que no le gusta, le da un manotazo y se va enojado de la habitación. A veces, cuando debería estar trabajando en el campo de arroz, lo veo sentado ociosamente en la cima de la montaña, mirando hacia el mar.

-Si, así ocurre a veces cuando los jóvenes vuelven a su casa después de la guerra -dijo el ermitaño-. Prosigue.

-No hay nada más que decir, Ilustrado. Quiero una poción para darle a mi marido, así se volverá cariñoso y amable, como era antes.

-!Ja! Tan simple, ¿no? -replicó el ermitaño-. ¡Una poción! Muy bien, vuelve en tres días y te diré qué nos hará falta para esa poción.

Tres días más tarde, Yun Ok volvió a la casa del sabio de la montaña.

-Lo he pensado -le dijo-. Puedo hacer tu poción. Pero el ingrediente principal es el bigote de un tigre vivo. Tráeme su bigote y te daré lo que necesitas.

-¡El bigote de un tigre vivo! -exclamó Yun Ok-. ¿Cómo haré para conseguirlo?

-Si esa poción es tan importante, obtendrás éxito -dijo el ermitaño. Y apartó la cabeza, sin más deseos de hablar.

Yun Ok se marchó a su casa. Pensó mucho en cómo conseguiría el bigote del tigre. Hasta que una noche, cuando su marido estaba dormido, salió de su casa con un plato de arroz y salsa de carne en la mano. Fue al lugar de la montaña donde sabía que vivía el tigre. Manteniéndose alejada de su cueva, extendió el plato de comida, llamando al tigre para que viniera a comer. El tigre no vino.

A la noche siguiente Yun Ok volvió a la montaña, esta vez un poco más cerca de la cueva. De nuevo ofreció al tigre un plato de comida. Todas las noches Yun Ok fue a la montaña, acercándose cada vez más a la cueva, unos pasos más que la noche anterior. Poco a poco el tigre se acostumbró a verla allí.

Una noche, Yun Ok se acercó a pocos pasos de la cueva del tigre. Esta vez el animal dio unos pasos hacia ella y se detuvo. Los dos quedaron mirándose bajo la luna. Lo mismo ocurrió a la noche siguiente, y esta vez estaban tan cerca que Yun Ok pudo hablar al tigre con una voz suave y tranquilizadora.

La noche siguiente, después de mirar con cuidado los ojos de Yun Ok, el tigre comió los alimentos que ella le ofrecía. Después de eso, cuando Yun Ok iba por las noches, encontraba al tigre esperándola en el camino.

Cuando el tigre había comido, Yun Ok podía acariciarle suavemente la cabeza con la mano. Casi seis meses habían pasado desde la noche de su primera visita. Al final, una noche, después de acariciar la cabeza del animal, Yun Ok dijo:

-Oh, Tigre, animal generoso, es preciso que tenga uno de tus bigotes. ¡No te enojes conmigo!

Y le arrancó uno de los bigotes.

El tigre no se enojó, como ella temía. Yun Ok bajó por el camino, no caminando sino corriendo, con el bigote aferrado fuertemente en la mano.

A la mañana siguiente, cuando el sol asomaba desde el mar, ya estaba en la casa del ermitaño de la montaña.

-¡Oh, Famoso! -gritó-. ¡Lo tengo! ¡Tengo el bigote del tigre! Ahora puedes hacer la poción que me prometiste para que mi marido vuelva a ser cariñoso y amable.

El ermitaño tomó el bigote y lo examinó. Satisfecho, pues realmente era de tigre, se inclinó hacia adelante y lo dejó caer en el fuego que ardía en su chimenea.

-¡Oh señor! -gritó la joven mujer, angustiada- ¡Qué hiciste con el bigote!

-Dime como lo conseguiste -dijo el ermitaño.

-Bueno, fui a la montaña todas las noches con un plato de comida. Al principio me mantuve lejos, y me fui acercando poco cada vez, ganando la confianza del tigre. Le hablé con voz cariñosa y tranquilizadora para hacerle entender que sólo deseaba su bien. Fui paciente. Todas las noches le llevaba comida, sabiendo que no comería. Pero no cedí. Fui una y otra vez. Nunca le hablé con aspereza. Nunca le hice reproches. Y por fin, una noche dio unos pasos hacia mí. Llegó un momento en que me esperaba en el camino y comía del plato que yo llevaba en las manos. Le acariciaba la cabeza y él hacía sonidos de alegría con la garganta. Sólo después de eso le saqué el bigote.

-Sí, sí -dijo el ermitaño-, domaste al tigre y te ganaste su confianza y su amor.

-Pero tú arrojaste el bigote al fuego -exclamó Yun Ok llorando-. ¡Todo fue para nada!

-No, no me parece que todo haya sido para nada -repuso el ermitaño-. Ya no hace falta el bigote. Yun Ok, déjame que te pregunte algo: ¿es acaso un hombre más cruel que un tigre? ¿Responde menos al cariño y a la comprensión? Si puedes ganar con cariño y paciencia el amor y la confianza de un animal salvaje y sediento de sangre, sin duda puedes hacer lo mismo con tu marido.

Al oír esto, Yun Ok permaneció muda unos momentos. Luego avanzó por el camino reflexionando sobre la verdad que había aprendido en casa del ermitaño de la montaña.

(Anónimo coreano)

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Balada salvaje



BALADA SALVAJE


A Lucinda, que tanto ama los versos.
Y a JM en nuestro segundo aniversario.

Qué amor más sano había
entre el ciervo y aquella gacelilla.

Se encontraban al alba junto al lago,
se corrían saltando todo el día.

Su amor fue como el agua del arroyo,
¡qué cristalino amor ay, les unía!
La gacela y el ciervo paseaban
por el bosque besándose en la umbría.

Desinteresado amor les unía.
En el mundo animal
pasan las cosas
más bellas de la vida.

Un pájaro que canta a la paloma;
un lagarto que espera noche y día...
-una gacela hermosa se estremece,
porque el ciervo la mira-.

La roca tiene amores con el musgo,
la pared con la hiedra.
El árbol se conmueve con la brisa
el mar ama a la tierra.

Y todo tiene amores para nada.
Sólo del hombre brota el egoísmo.
La gacela y el ciervo se han parado,
bajo la sombra espesa de los tilos...

Gloria Fuertes

Ilustración: Alpasky

martes, 23 de noviembre de 2010

En dosis diarias

Alberto Montt

Alberto Montt

Alberto Montt

Alberto Montt

El humor de Alberto Montt en Dosis diarias

lunes, 22 de noviembre de 2010

El canario

Mary Jane Ansell

¿Ves aquel clavo grande a la derecha de la puerta de entrada? Todavía me da tristeza mirarlo, y, sin embargo, por nada del mundo lo quitaría. Me complazco en pensar que allí estará siempre, aun después de mi muerte. A veces oigo a los vecinos que dicen: «Antes allí debía de colgar una jaula». Y eso me consuela: así siento que no se le olvida del todo.

...No te puedes figurar cómo cantaba. Su canto no era como el de los otros canarios, y lo que te cuento no es sólo imaginación mía. A menudo, desde la ventana, acostumbraba observar a la gente que se detenía en el portal a escuchar, se quedaban absortos, apoyados largo rato en la verja, junto a la planta de celinda. Supongo que eso te parecerá absurdo, pero si lo hubieses oído no te lo parecería. A mí me hacía el efecto que cantaba canciones enteras que tenían un principio y un final. Por ejemplo, cuando por la tarde había terminado el trabajo de la casa, y después de haberme cambiado la blusa, me sentaba aquí en la varanda a coser: él solía saltar de una percha a otra, dar golpecitos en los barrotes para llamarme la atención, beber un sorbo de agua como suelen hacer los cantantes profesionales, y luego, de repente, se ponía a cantar de un modo tan extraordinario, que yo tenía que dejar la aguja y escucharlo. No puedo darte idea de su canto, y a fe que me gustaría poderlo describir. Todas las tardes pasaba lo mismo, y yo sentía que comprendía cada nota de sus modulaciones.

¡Lo quería! ¡Cuánto lo quería! Quizá en este mundo no importa mucho lo que uno quiere, pero hay que querer algo. Mi casita y el jardín siempre han llenado un vacío, sin duda; pero nunca me han bastado. Las flores son muy agradecidas, pero no se interesan por nuestra vida. Hace tiempo quise a la estrella del atardecer. ¿Te parece una tontería? Solía sentarme en el jardín, detrás de la casa, cuando se había puesto el sol, y esperar a que la estrella saliera y brillara sobre las ramas oscuras del árbol de la goma. Entonces le murmuraba: «¿Ya estás aquí, amor mío?». Y en aquel instante parecía brillar sólo para mí. Parecía que lo comprendiera...; algo que es nostalgia y sin embargo no lo es. O quizá el dolor de lo que uno echa de menos, sí, era este dolor. Pero ¿qué era lo que echaba de menos? He de agradecer lo mucho que he recibido.

...Pero, en cuanto el canario entró en mi vida, olvidé a la estrella del atardecer: ya no me hacía falta. Y aquello ocurrió de una manera extraña. Cuando el chino que vendía pájaros se detuvo delante de mi puerta y levantó la jaulita donde el canario, en vez de sacudirse como hacían los dorados pinzones, lanzó un débil y leve gorjeo, me sorprendí a mí misma diciéndole:

-¿Ya estás aquí, amor mío?

Desde aquel instante fue mío.

...Aún me asombra ahora recordar cómo él y yo compartíamos nuestras vidas. En cuanto por la mañana quitaba el paño que cubría su jaula, me saludaba con una pequeña nota soñolienta. Yo sabía que quería decirme: «¡Señora! ¡Señora!». Luego lo colgaba afuera, mientras preparaba el desayuno de mis tres muchachos pensionistas, y no lo entraba hasta que volvíamos a estar solos en casa. Más tarde, en cuanto terminaba de lavar los platos, empezaba una verdadera diversioncita nuestra. Solía poner una hoja de periódico en la mesa, y, cuando colocaba la jaula encima, el canario sacudía las alas desesperadamente como si no supiera lo que iba a ocurrir. «Eres un verdadero comediante», le decía riñéndolo. Le frotaba el plato de la jaula, lo espolvoreaba de arena limpia, llenaba de alpiste y de agua los recipientes, ponía entre los barrotes unas hojas de pamplina y medio chile. Y estoy segura de que él comprendía y sabía apreciar cada detalle de esta ceremonia. ¿Comprendes? Era, de natural, de una pulcritud exquisita. En su percha jamás había una mancha. Y sólo viendo cómo disfrutaba bañándose se comprendía que su gran debilidad era la limpieza. Lo que yo ponía por último en la jaula era el envase en que se bañaba. Y al momento se metía en él. Primero sacudía un ala, luego la otra, después zambullía la cabeza y se remojaba las plumas del pecho. Toda la cocina se iba salpicando de gotas de agua, pero él no quería salir del baño. Yo solía decirle: «Es más que suficiente. Lo que quieres ahora es que te miren». Y por fin, de un salto, salía del agua, y sosteniéndose con una pata se secaba con el pico, y al terminar se sacudía, movía las alas, ensayaba un gorjeo y levantando la cabeza... ¡Oh! No puedo ni siquiera recordarlo. Yo acostumbraba limpiar los cuchillos mientras tanto, me parecía que también los cuchillos cantaban a medida que se volvían relucientes.

...Me hacía compañía, ¿comprendes? Eso es lo que me hacía. La compañía más perfecta. Si has vivido sola, sabrás lo inapreciable que eso puede ser. Sin duda tenía también a mis tres muchachos que venían a cenar, y a veces se quedaban en casa leyendo los periódicos. Pero no podía suponer que ellos se interesaran en los detalles de mi vida cotidiana. ¿Por qué se iban a interesar? Yo no significaba nada para ellos: tanto es así, que una noche, en la escalera, oí que, hablando de mí, me llamaban «el adefesio». No importa. No tiene importancia, la más mínima importancia. Lo comprendo bien. Ellos son jóvenes. ¿Por qué me iba a incomodar? Pero me acuerdo de que aquella. noche me consoló pensar que no estaba sola del todo. En cuanto los muchachos salieron, le dije a mi canario: «¿Sabes cómo la llaman a tu señora?». Y él ladeó la cabeza, y me miró con su ojito reluciente, de tal forma que tuve que reírme. Parecía como si le hubiese divertido aquello.

...¿Has tenido pájaros alguna vez?... Si no has tenido nunca, quizá todo esto te parezca exagerado. La gente cree que los pájaros no tienen corazón, que son fríos, distintos de los perros y los gatos. Mi lavandera solía decirme cuando venía los lunes: «¿Por qué no tiene un foxterrier bonito? No consuela ni acompaña un canario». No es verdad, estoy segura. Me acuerdo de una noche que había tenido un sueño espantoso (a veces los sueños son terriblemente crueles) y, como que al cabo de un rato de haberme despertado no conseguía tranquilizarme, me puse la bata y bajé a la cocina para beber un vaso de agua. Era una noche de invierno y llovía mucho. Supongo que aún estaba medio dormida: pero, a través de la ventana sin postigo, me parecía que la oscuridad me miraba, me espiaba. Y de pronto sentí que era insoportable no tener a nadie a quien poder decir: «He soñado un sueño horrible» o «Protégeme de la oscuridad». Estaba tan asustada, que incluso me tapé un momento la cara con las manos. Y luego oí un débil «¡Tui-tuí!». La jaula estaba en la mesa, y el paño que la cubría había resbalado de forma que le entraba una rayita de luz. «¡Tui-tuí!», volvía a llamar mi pequeño y querido compañero, como si dijera dulcemente: «Aquí estoy, señora mía: aquí estoy». Aquello fue tan consolador que casi me eché a llorar.

...Pero ahora se ha ido. Nunca más tendré otro pájaro, otro ser querido. ¿Cómo podría tenerlo? Cuando lo encontré tendido en la jaula, con los ojos empañados y las patitas retorcidas, cuando comprendí que nunca más lo oiría cantar, me pareció que algo moría en mí. Me sentí un vacío en el corazón como si fuera la jaula de mi canario. Me iré resignando, seguramente: tengo que acostumbrarme. Con el tiempo todo pasa, y la gente dice que yo tengo un carácter jovial. Tienen razón. Doy gracias a Dios por habérmelo dado.

Sin embargo, a pesar de que no soy melancólica y de que no suelo dejarme llevar por los recuerdos y la tristeza, reconozco que hay algo triste en la vida. Es difícil definir lo que es. No hablo del dolor que todos conocemos, como son la enfermedad, la pobreza y la muerte, no: es otra cosa distinta. Está en nosotros profunda, muy profunda: forma parte de nuestro ser al modo de nuestra respiración. Aunque trabaje mucho y me canse, no tengo más que detenerme para saber que ahí está esperándome. A menudo me pregunto si todo el mundo siente eso mismo. ¿Quién lo puede saber? Pero ¿no es asombroso que, en su canto dulce y alegre, era esa tristeza, ese no sé qué lo que yo sentía?

EL CANARIO
Katherine Mansfield

Pintura: Mary Jane Ansell

viernes, 19 de noviembre de 2010

Poemas del Milenio XI

Nancy Lane

PALABRAS PARA JULIA

José Agustín Goytisolo (1928-1999)

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Un hombre sólo una mujer
así tomados de uno en uno
son como polvo no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti,
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.

Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

(de Bajo tolerancia, 1975)

Ilustración: Nancy Lane

Escuchar el poema musicado por Paco Ibáñez en versión de Los Suaves:

jueves, 18 de noviembre de 2010

People



Pierre Gonnord, llamado "el escrutador de almas", es un fotógrafo francés afincado desde hace años en Madrid. Influenciado por su vida en las ciudades y los cambios sociales, se centró en el retrato como forma de expresión. Los rostros de Gonnord pertenecen a personas marcadas por el trabajo duro y la vida poco apacible, agredidas por un entorno hostil que hace mella en su forma de ser, de pensar y de vivir. Gente sencilla y humilde, pero abocada a desaparecer fagocitada por un futuro que ya ha llegado. Empezó fotografiando personas que huían de lo convencional, luego minorías marginadas, y ahora, comunidades rurales aisladas de la vida urbanita.

“Mis paisajes son retratos de energía, igual que los rostros son territorios”.

I was dreaming in my dreaming / Estaba soñando en mi sueño
Of an aspect bright and fair / sobre un punto de vista brillante y justo
And my sleeping it was broken / y mi dormir se interrumpió
But my dream it lingered near / pero mi sueño persistió cercano
In the form of shining valleys / en forma de valles brillantes
Where the pure air recognized / donde se reconocía el aire puro
And my senses newly opened / y mis sentidos se abrieron de nuevo
I awakened to the cry / me desperté al grito
That the people have the power / de que el pueblo tiene el poder
To redeem the work of fools / para redimir el trabajo de los idiotas
Upon the meek the graces shower / sobre los mansos llueven las gracias
It's decreed the people rule / se ha decretado que el pueblo gobierne
The people have the power / El pueblo tiene el poder

Vengeful aspects became suspect / Los aspectos vengativos se volvieron sospechos
And bending low as if to hear / y también agacharse como para escuchar
And the armies ceased advancing / y los ejércitos dejaron de avanzar
Because the people had their ear / porque el pueblo tenía su oído
And the shepherds and the soldiers / y los pastores y los soldados
Lay beneath the stars / yacen bajo las estrellas
Exchanging visions / intercambiando visiones
And laying arms / y dejando que las armas
To waste in the dust / se echen a perder en el polvo
In the form of shining valleys / en forma de valles brillantes
Where the pure air recognized / donde se reconocía el aire puro
And my senses newly opened / y mis sentidos se abrieron de nuevo
I awakened to the cry / me desperté al grito
The people have the power / El pueblo tiene el poder

Where there were deserts / Donde había desiertos
I saw fountains / yo vi fuentes
Like cream the waters rise / como crema las aguas se elevaron
And we strolled there together / y nosotros paseamos allá juntos
With none to laugh or criticize / sin nadie que se riera o criticara
And the leopard / y el leopardo
And the lamb / y el cordero
Lay together truly bound / yaciendo juntos realmente unidos
I was hoping in my hoping / estaba esperando en mi esperanza
To recall what I had found / recordar todo lo que encontré
I was dreaming in my dreaming / estaba soñando en mi sueño
God knows a purer view / que Dios conoce una vista más pura
As I surrender to my sleeping / mientras me rendía a mi sueño
I commit my dream to you / comprometí mi sueño contigo

The people have the power / El pueblo tiene el poder
The power to dream to rule / El poder de soñar, de gobernar
To wrestle the world from fools / de arrancar el mundo a los idiotas
It's decreed the people rule / se ha decretado que el pueblo gobierne
It's decreed the people rule / se ha decretado que el pueblo gobierne
Listen. I believe everything we dream / escuchad. Creo que todo lo que soñemos
Can come to pass through our union / puede pasar a través de nuestra unión
We can turn the world around / podemos darle la vuelta al mundo
We can turn the earth's revolution / podemos poner en marcha la revolución de la tierra

We have the power / Nosotros tenemos el poder
People have the power / El pueblo tiene el poder

People have the power
Patti Smith

Vídeo: edoardodf

Traducción: Peterland

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Ronroneos



"Es costumbre muy inoportuna de los gatitos (como observó una vez Alicia) que, sea lo que les digas, siempre ronronean." (Lewis Carroll)

El ronroneo es un sonido característico hecho por todas las especies de felinos (los grandes felinos como el león o la pantera pueden ronronear, aunque con limitaciones, y sin la amplitud de los pequeños felinos), y es parte de su sistema de comunicación.

No se sabe con certeza de dónde proviene este curioso sonido que más bien constituye una vibración; se le han atribuido distintos lugares, sin llegar a localizarlo con exactitud.

El ronroneo, tiene un gran significado, ya que es fundamental en la comunicación con los de su especie, y de gran utilidad en su comunicación con el ser humano.

"El ronroneo es una válvula de seguridad automática para tratar el exceso de felicidad." (Monica Edwards)

Entre los de su especie, hay gran variedad de funciones comunicativas. Es fundamental en la hembra, la cual acompaña su trabajo de parto con ronroneos contínuos, poderosos y rítmicos; estos sirven para que los cachorros que son débiles, ciegos, sin mucho sentido del oído y olfato, encuentren su lugar de mamar, orientados por las vibraciones emitidas por la madre. En estos momentos además, los ronroneos de la parturienta actúan como desestresantes para la madre, con lo cual se calma y concentra en su trabajo de parto.

A los dos días de nacidos, los gatitos comienzan a ronronear mientras maman, con lo cual la madre recibe la información de que el flujo lácteo es el correcto y que todo marcha bien, y es para ellas como la sonrisa satisfecha de un bebé.

Luego, cuando sus cachorros están un poco mas crecidos, utiliza los ronroneos para llamar a comer a los gatitos, y sirven de comunicación con su camada, con lo cual se crea una estrecha relación familiar, de gran importancia durante las primeras semanas de vida.

Para los gatos adultos el ronroneo es importante como señal de sumisión de un gato frente a otro dominante, reduciendo así las posibilidades de pelea, al transmitirse un sentimiento de paz y reconciliación. Durante el cortejo y el acto sexual, la hembra ronronea continuamente.

En su contacto con los humanos, los gatos pueden realizar dos tipos de ronroneos, el de agradecimiento, al recibir algo de su agrado, dedicado a quien le ofrece esta satisfacción, y el ronroneo anticipativo, que es un estimulante para obtener lo que desea.

También se conocen casos de gatos domésticos que lo han hecho cuando estaban heridos, enfermos, doloridos o muriendo, en estos casos, el etólogo alemán Paul Leyhausen lo interpreta como una señal de que el gato que ronronea está comunicando que no es una amenaza.

"Si hubiera que elegir un sonido universal para la paz, votaría por el ronroneo." (B.L. Diamond)

Los investigadores consideran el ronroneo como una descarga emocional para el felino, pero la investigación también ha demostrado que el pasar la mano sobre un gato ronroneando, puede hacer bajar la presión y el pulso sanguíneo, a la vez que incrementar las sensaciones de paz y bienestar. Todos los que disfrutamos de un gato como mascota, podemos confirmar los efectos calmantes e hipnóticos de un gato ronroneando sobre nuestras rodillas.

"Un maullido es un masaje al corazón." (Stuart McMilan)

martes, 16 de noviembre de 2010

Los hay con suerte

Georges Croegaert Napping

He estado leyendo las insólitas historias de algunos animales que fueron afortunados al recibir herencias millonarias de sus opulentos dueños, y resulta que uno de los testamentos más antiguos en el que se tiene en cuenta a las mascotas, pertenece nada más y nada menos que al cardenal Richelieu.

El que fuera uno de los hombres más poderosos de Francia en la primera mitad del siglo XVII, compartía su casa con catorce gatos. Uno de ellos, Lucifer, recibió ese nombre por su pelaje negro y su caracter salvaje; Gazette tenía la costumbre de orinar sobre los invitados que le desagradaban, y Ludovic le Cruel tenía ese nombre por la forma violenta de matar ratones.
Richelieu
En una ocasión, Richelieu recibió la visita de un académico llamado Racan. Al rato de estar allí, sintió algunas molestias en su enorme peluca y descubrió que... ¡había dos gatitos en su interior! En vez de expulsar al antihigiénico visitante de su residencia, el cardenal insistió en adoptar a los cachorros. Como no podía ser de otra manera, los minimos recibieron el nombre de Racan y Perruque.

Pero la pasión de Richelieu por los gatos quedó aún más patente en su testamento. Les legó una casa y alimentos, además de asignarles una importante suma de dinero y dos cuidadores. Así se quiso asegurar de que sus mascotas disfrutaran de una vida tranquila y millonaria.

Volviendo al inicio, parece que en Gran Bretaña, las mascotas son los sextos beneficiarios de herencias, ya que 1,5 millones de británicos deciden dejar todos sus bienes a sus mascotas. Es evidente que las estructuras familiares han cambiado mucho, pero, ¿no sería más útil dejar la herencia a una asociación pro derechos de los animales?

lunes, 15 de noviembre de 2010

Poemas del Milenio X

Hans Anderson Brendekilde

OCTUBRE
Juan Ramón Jiménez (1881-1958)

Estaba echado yo en la tierra, enfrente
del infinito campo de Castilla,
que el otoño envolvía en la amarilla
dulzura de su claro sol poniente.

Lento, el arado, paralelamente
abría el haza oscura, y la sencilla
mano abierta dejaba la semilla
en su entraña partida honradamente.

Pensé en arrancarme el corazón y echarlo,
pleno de su sentir alto y profundo,
al ancho surco del terruño tierno;
a ver si con partirlo y con sembrarlo,
la primavera le mostraba al mundo
el árbol puro del amor eterno.

("Amor", de Sonetos espirituales, 1914-1915)
Vladimir Dunjic
Pinturas:

Hans Anderson Brendekilde


Vladimir Dunjic

viernes, 12 de noviembre de 2010

Dame refugio

video

martes, 9 de noviembre de 2010

El enemigo de las rubias

Ingrid BergmanGrace KellyTippi Hedren

Puede ser casual que la primera película importante de Hitchcock, en 1926, fuera El enemigo Sin palabrasde las rubias, paradoja o símbolo de la persecución que hizo durante toda su vida de actrices rubias, ya que se obsesionó con ellas, las persiguió y las torturó como director, hasta el punto de estar en peligro su matrimonio varias veces.

En 1944 tuvo su primer encuentro con Ingrid Bergman, la primera rubia auténticamente hitchcockniana.

Cuando en otoño de 1948 Ingrid Bergman conoció a Roberto Rossellini y se fue con él, Hitchcock lo tomó como una afrenta personal, como si lo Hitch y Bergmanhubiera abandonado por otro.

Permaneció la amistad y ella estuvo a su lado a la hora de su muerte. En agosto de 1979, Hitchcock cumplió ochenta años. La actriz fue a visitarle y después recordaría: «Tomó mis dos manos y las lágrimas rodaron por sus mejillas, y dijo: "Ingrid voy a morirme"». Con ella hizo tres películas:

* Recuerda (Spellbound, 1945)
* Encadenados (Notorious, 1946)
* Atormentada (Under Capricorn, 1949)
Hitch y Grace
Cuando preparaba Crimen perfecto, encontró a una joven y rubia actriz, digna sustituta de la Bergman, Grace Kelly.

Cuando la conoció, lo que vió quedó descrito en sus propias palabras como la estampa de la elegancia sexual. Quedó atrapado. Todo en ella era abrumador para él, desde la forma en la que se movía , hasta el modo en el que se comportaba o se reía.

Desde ese momento decidió que Grace sería la protagonista deLa ventana indiscreta muchos de sus futuros proyectos y se involucró en su desarrollo como actriz (y en su vida personal) mucho más de lo que es normal entre un director y su estrella.

El 18 de abril de 1956 Grace Kelly se casó con el príncipe Rainiero de Mónaco, y Hitchcock se sintió tan abandonado y decepcionado que se mofaba en privado llamándola Princesa Disgrace.

También con ella hizo tres películas:

* Crimen perfecto (Dial M for a Murder, 1954)
* La ventana indiscreta (Rear Window, 1954)

* Atrapa a un ladrón (To Catch a Thief, 1955)


En octubre de 1961, mirando la televisión descubrió a la causa de sus mayores desasosiegos. En un anuncio vio a una joven modelo rubia. Su nombre era Tippi Hedren. Hitchcock se propuso contratarla y hacerla suya. Ella firmó un contrato con Hitchcock para realizar varias películas a sus órdenes.

Hitch y Tippi

En 1962 Hitchcock se obsesionó de tal manera con ella que hizo contratar a un equipo de detectives para que la siguieran y le informaran de todos sus actos. Más tarde se rodó Los pájaros, y en 1963, en el tortuoso rodaje de Marnie la ladrona, Hitchcock acosó constantemente y de forma directa a la actriz, la cual lo rechazó con firmeza y el director perdió todo interés por la película y por la vida.

Parece que con los chicos no hubo problemas :-D

Leer más:
Hitchcock y Grace Kelly
Alfred Hitchcock y las rubias peligrosas
Figuras de cine: Alfred Hitchcock

lunes, 8 de noviembre de 2010

Las damas de Hitchcock

Las damas de Hitchcock

Cierta leyenda negra de Hollywood afirma que las relaciones de Alfred Hitchcock con los actores eran bastante difíciles, que era áspero y despótico: "Los actores son ganado", repitió en más de una ocasión, a veces incluso con variantes: "Nunca dije que los actores fueran ganado. Lo que dije es que hay que tratarlos como a ganado".

«Cuando un actor viene a decirme que quiere discutir su personaje le contesto "está en el guión". Si me pregunta "¿cuál es mi motivación?", simplemente le respondo "tu sueldo"».
Hitch y CaryAlfred Hitchcock siempre procuraba escoger para sus películas actores y actrices ya conocidos por alguna faceta, ya fuera la de la sensualidad, la simpatía o la seducción, pensando que así el papel quedaba más fácilmente definido desde el principio.
Sus dos actores fetiche fueron Cary Grant y James Stewart. El primero fue su favorito para sus películas con tono de comedia y el segundo para los personajes con un perfil psicológico más fuerte.

Su relación con las actrices ya es otro cantar. Hitchcock sentía por Hitch y Jameslas mujeres “una extraña mezcla de adoración y desprecio” según el ensayista norteamericano Donald Spoto en su obra “Las damas de Hitchcock”, en las que investiga las problemáticas relaciones de Hitchcock con las actrices de sus películas. “Si Hitchcock viviera hoy en día sería denunciado por acoso sexual”, dedujo el escritor después de inmiscuirse en la vida del cineasta inglés.

Muchas de sus actrices tuvieron que soportar durante los rodajes la inclinación del realizador por el humor obsceno y la ironía hiriente, en el mejor de los casos, y el maltrato físico y psicológico unido al acoso sexual sin atenuantes. Disfrutaba provocando reacciones en las correctas mujeres con las que trabajaba, según él para conseguir el mayor potencial interpretativo.

Alfred el Mago

Hitchcock obviamente era un caballero que las prefería rubias, tipo nórdico; según dijo en una entrevista, porque las consideraba más misteriosas.

Una de las más castigadas por la "tiranía" del director de cine fue Madeleine Carrol, quienPsicosis durante el rodaje de "Los 39 escalones" pasó casi todo el tiempo esposada al brazo de Robert Donat por capricho de Hithcock. Otra de las humillaciones que padeció la joven Carrol en la misma película, fue la ocurrencia del realizador de desabrocharse la bragueta delante de ella. No conforme con el gesto, decidió inmortalizarlo en complicidad con el camarógrafo.

Otro episodio que recuerda Spoto es que durante el rodaje de "Rebeca", Hitchcock hizo que Joan Fontaine repitiera varias veces la misma escena. No contento con la expresión que exigía el guión, se levantó de su silla y la abofeteó hasta hacerla llorar para a continuación exclamar: "Corten, perfecto. Toma perfecta".

Distinto trato recibió la sueca Ingrid Bergman: el director la mimó y se enamoró de ella a tal punto que reescribió un diálogo sobre el guión del film "Recuerda".
Tippi
Su prototipo de rubia soñada fue Grace Kelly, que rodó tres películas a sus órdenes. "Hitchcock estaba obsesionado conmigo, y yo empecé a sentirme muy incómoda", llegó a confesar la actriz. Huelga decir que al director le sentó fatal que Grace le abandonara para convertirse en princesa de Mónaco.

La actriz Tippi Hedren, a la que el director lanzó al estrellato gracias a "Los pájaros", fue quizá quien acusó más "el sádico comportamiento" del realizador, que no dudó en someterla al ataque real de las temibles aves o exigirle que "estuviera sexualmente disponible para él donde y siempre que él quisiera", recuerda la actriz en un fragmento recogido en el libro. Por si fuera poco, a la pequeña hija de Tippi, la luego famosa actriz Melanie Griffith, le hizo llegar como regalo un pequeño ataúd dentro del cual iba una muñeca igual a su madre.

También lo padeció Janet Leigh, obligada a rodar desnuda la antológica secuencia de la ducha en "Psicosis": "Yo adoraba a Hitchcock, pero la verdad es que tenía una mente retorcida", confesó ella con el tiempo.
Hich y Janet
En "Vértigo", Hitchcock quiso transformar a Kim Novak en su ideal femenino, pero la trató despreciativamente durante todo el rodaje. Con quien no pudo fue con Marlene Dietrich, que en la filmación de "Pánico en la escena" sólo se dejaba guiar por su astrólogo. El realizador dijo luego de ella: "Marlene no movió un dedo en el rodaje sin consultarlo antes con su astrólogo; tendrían que haberlo puesto en los títulos de crédito".

Al margen de su peculiar personalidad, no cabe duda de que Hitchcock es uno de los más grandes directores de la historia del cine. Aunque esto no parezca precisamente un homenaje, Hitchcock es mi director preferido; después de todo, una cosa es el hombre y otra el artista ¿no?

viernes, 5 de noviembre de 2010

Otoño



Esparce octubre, al blando movimiento
del sur, las hojas áureas y las rojas,
y, en la caída clara de sus hojas,
se lleva al infinito el pensamiento.

Qué noble paz en este alejamiento
de todo; oh prado bello que deshojas
tus flores; oh agua fría ya, que mojas
con tu cristal estremecido el viento!

¡Encantamiento de oro! Cárcel pura,
en que el cuerpo, hecho alma, se enternece,
echado en el verdor de una colina!

En una decadencia de hermosura,
la vida se desnuda, y resplandece
la excelsitud de su verdad divina.

Juan Ramón Jiménez

jueves, 4 de noviembre de 2010

Felicidad clandestina

Quint Buchholz

Ella era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio amarillento. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía eramos chatas. Como si no fuese suficiente, por encima del pecho se llenaba de caramelos los dos bolsillos de la blusa. Pero poseía lo que a cualquier niña devoradora de historietas le habría gustado tener: un padre dueño de una librería.

No lo aprovechaba mucho. Y nosotras todavía menos: incluso para los cumpleaños, en vez de un Quint Buchholzlibrito barato por lo menos, nos entregaba una postal de la tienda del padre. Encima siempre era un paisaje de Recife, la ciudad donde vivíamos, con sus puentes más que vistos.

Detrás escribía con letra elaboradísima palabras como "fecha natalicio" y "recuerdos".

Pero qué talento tenía para la crueldad. Mientras haciendo barullo chupaba caramelos, toda ella era pura venganza. Cómo nos debía odiar esa niña a nosotras, que éramos imperdonablemente monas, altas, de cabello libre. Conmigo ejerció su sadismo con una serena ferocidad. En mi ansiedad por leer, yo no me daba cuenta de las humillaciones que me imponía: seguía pidiéndole prestados los libros que a ella no le interesaban.

Hasta que le llegó el día magno de empezar a infligirme una tortura china. Como al pasar, me informó que tenía El reinado de Naricita, de Monteiro Lobato.

Era un libro gordo, válgame Dios, era un libro para Quint Buchholzquedarse a vivir con él, para comer, para dormir con él. Y totalmente por encima de mis posibilidades. Me dijo que si al día siguiente pasaba por la casa de ella me lo prestaría.

Hasta el día siguiente, de alegría, yo estuve transformada en la misma esperanza: no vivía, flotaba lentamente en un mar suave, las olas me transportaban de un lado a otro.

Literalmente corriendo, al día siguiente fui a su casa. No vivía en un apartamento, como yo, sino en una casa. No me hizo pasar. Con la mirada fija en la mía, me dijo que le había prestado el libro a otra niña y que volviera a buscarlo al día siguiente. Boquiabierta, yo me fui despacio, pero al poco rato la esperanza había vuelto a apoderarse de mí por completo y ya caminaba por la calle a saltos, que era mi manera extraña de caminar por las calles de Recife. Esa vez no me caí: me guiaba la promesa del libro, llegaría el día siguiente, los siguientes serían después mi vida entera, me esperaba el amor por el mundo, y no me caí una sola vez.

Pero las cosas no fueron tan sencillas. El plan secreto de la hija del dueño de la librería era sereno Quint Buchholzy diábolico. Al día siguiente allí estaba yo en la puerta de su casa, con una sonrisa y el corazón palpitante. Todo para oír la tranquila respuesta: que el libro no se hallaba aún en su poder, que volviese al día siguiente. Poco me imaginaba yo que más tarde, en el curso de la vida, el drama del "día siguiente" iba a repetirse para mi corazón palpitante otras veces como aquélla.

Y así seguimos. ¿Cuánto tiempo? Yo iba a su casa todos los días, sin faltar ni uno. A veces ella decía: Pues el libro estuvo conmigo ayer por la tarde, pero como tú no has venido hasta esta mañana se lo presté a otra niña. Y yo, que era propensa a las ojeras, sentía cómo las ojeras se ahondaban bajo mis ojos sorprendidos.

Hasta que un día, cuando yo estaba en la puerta de la casa de ella oyendo silenciosa, humildemente, su negativa, apareció la madre. Debía de extrañarle la presencia muda y cotidiana de esa niña en la puerta de su casa. Nos pidió Quint Buchholzexplicaciones a las dos. Hubo una confusión silenciosa, entrecortado de palabras poco aclaratorias. A la señora le resultaba cada vez más extraño el hecho de no entender. Hasta que, madre buena, entendió a fin. Se volvió hacia la hija y con enorme sorpresa exclamó: ¡Pero si ese libro no ha salido nunca de casa y tú ni siquiera querías leerlo!

Y lo peor para la mujer no era el descubrimiento de lo que pasaba. Debía de ser el horrorizado descubrimiento de la hija que tenía. Nos espiaba en silencio: la potencia de perversidad de su hija desconocida, la niña rubia de pie ante la puerta, exhausta, al viento de las calles de Recife. Fue entonces cuando, recobrándose al fin, firme y serena le ordenó a su hija: Vas a prestar ahora mismo ese libro. Y a mí: Y tú te quedas con el libro todo el tiempo que quieras.

¿Entendido? Eso era más valioso que si me hubiesen regalado el libro: "el tiempo que quieras" es todo lo que Quint Buchholzuna persona, grande o pequeña, puede tener la osadía de querer.

¿Cómo contar lo que siguió? Yo estaba atontada y fue así como recibí el libro en la mano. Creo que no dije nada. Cogí el libro. No, no partí saltando como siempre. Me fui caminando muy despacio. Sé que sostenía el grueso libro con las dos manos, apretándolo contra el pecho. Poco importa también cuánto tardé en llegar a casa. Tenía el pecho caliente, el corazón pensativo.

Al llegar a casa no empecé a leer. Simulaba que no lo tenía, únicamente para sentir después el sobresalto de tenerlo. Horas más tarde lo abrí, leí unas líneas maravillosas, volví a cerrarlo, me fui a pasear por la casa, lo postergué más aún yendo a comer pan con mantequilla, fingí no saber dónde habíaQuint Buchholz guardado el libro, lo encontraba, lo abría por unos instantes. Creaba los obstáculos más falsos para esa cosa clandestina que era la felicidad. Para mí la felicidad siempre habría de ser clandestina. Era como si yo lo presintiera. ¡Cuánto me demoré! Vivía en el aire... había en mí orgullo y pudor. Yo era una reina delicada.

A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo. No era más una niña con un libro: era una mujer con su amante.

Clarice Lispector

Ilustraciones: Quint Buchholz